
De acuerdo con el Banco Mundial en su último reporte de perspectivas económicas, se observa que las tensiones mundiales crecen en la medida en que los conflictos tanto externos, como internos aumentan en buena parte de las regiones del mundo. Estos conflictos bélicos de carácter regional generan costos tales como interrupciones de la producción, destrucción de capital humano, deterioro del capital físico, desplazamiento de la población y eliminación de las expectativas de inversión y formación de capital. En algunos conflictos supranacionales existe la incertidumbre de recortar la producción de petróleo, gas y cereales con consecuencias adversas para los precios y la oferta a nivel global. Los efectos de escasez y aumento de los precios de bienes básicos, conllevan un riesgo que no puede pasarse por alto en un entorno reciente, como el acaecido entre 2022-2023 que implicó un brote inflacionario




